El fútbol como herramienta para educar en valores El fútbol como herramienta para educar en valores
Todos los niños corren tras una pelota soñando en convertirse algún día en un crack del fútbol. Los entrenadores debemos acompañarles en éste camino... El fútbol como herramienta para educar en valores

Todos los niños corren tras una pelota soñando en convertirse algún día en un crack del fútbol. Los entrenadores debemos acompañarles en éste camino y hacer todo lo que esté en nuestras manos para que puedan conseguir sus sueños. Pero no sólo debemos prestar atención a la técnica o al aspecto físico del jugador, debemos fomentar valores que después puedan ayudarles en su día a día, en su vida.

Los entrenadores, como los profesores de colegio, nos convertimos en un referente para niños y adolescentes. Por lo tanto, todo lo que hagamos o digamos lo tomarán como ejemplo, para bien y para mal. No debemos desaprovechar el potencial que tenemos para convertirlos en mejores personas. Ése también es nuestro deber: educar en valores.

Valores que se deben transmitir en el fútbol

En el Fútbol Base el objetivo principal no debería de ser ganar la Liga o ganar el máximo de partidos posibles (que si también se consigue, perfecto!), lo más importante es hacer crecer a los niños y niñas como personas y como futuros profesionales del fútbol.

Cuando se hacen mayores dejamos de ser un referente para los ya adolescentes, y llega la presión por (ahora si) ganar el máximo de partidos posible, pero eso no quiere decir que debamos de renunciar a educar en valores. De hecho, si conseguimos tener una buena relación con nuestros jugadores, podremos seguir trabajando, de otra manera, estos valores.

Compañerismo y trabajo en equipo

El fútbol es un deporte en equipo y esto significa que ningún jugador sólo puede llevar a cabo todos los roles del equipo. Para conseguir sus objetivos comunes, los jugadores deberán trabajar juntos y dejar de lado sus egoísmos y ansias de destacar. En el terreno de juego los compañeros deben asumir cuál es su rol, cubrirse los unos a los otros, pasarse balones, etc.

Las relaciones personales entre los jugadores pueden romper el clima de trabajo en equipo. Es lógico que haya discusiones, pero es importante aprender a perdonar, olvidar y relativizar. Lo que pasa en el campo debe de quedarse en el campo, y lo que pasa fuera del campo debe de quedarse, también, fuera del campo.

Si el equipo tiene un grupo de WhatsApp con todos los jugadores y los entrenadores, es importante poner reglas de convivencia también en WhatsApp para evitar, conflictos posteriores.

Higiene

El vestuario es una muy buena oportunidad para trabajar el concepto básico de orden, aseo, limpieza y cuidado del cuerpo humano. Cuando el jugador sale al terreno de juego debe hacerlo con la equipación limpia, las botas bien atadas, la camiseta metida por dentro de los pantalones, el pelo recogido, etc. Después, durante el juego, es difícil de controlar estos aspectos. Pero lo importante es saltar al campo pulido, esto es lo que deben aprender los niños. Con ayuda, pero deben de hacer solos, es un aspecto más del futbolista que sueñan ser.

El orden es tan importante como todo lo demás: los jugadores deben tener claras cuales son sus pertenencias y tenerlas ordenadas. Con todos los jugadores que pasan por un vestuario, si no es así, sería imposible encontrar nada. Por lo tanto deben de aprender también a dejar sus cosas en orden para no confundirlas, ni perderlas.

Encajar la frustración

Tanto los jugadores como los entrenadores, los padres, los directivos del Club, etc. debemos de ser conscientes de que no siempre se puede ganar. De echo, para que alguien pueda ganar, otro debe perder. No nos gusta ser nosotros los que perdemos, pero no siempre se puede ganar. Y cuando uno no gana nunca, puede acabar frustrándose. Para evitar llegar a ese punto, debemos de trabajar en las derrotas: por qué ha pasado? Cómo podemos evitar que vuelva a pasar? Qué hacemos bien y qué hacemos mal? El perder nos puede ayudar a ganar.

Asumir responsabilidades

Los niños crecen alrededor acompañados de su deporte favorito tres o más días por semana. Esto, como comentábamos, supone un esfuerzo y un sacrificio muy grande por que necesita de mucha dedicación. Pero, a medida que crecen, van asumiendo responsabilidades: acordarse de los días y horas que hay entrenamientos y partidos, saber cuáles son sus pertenencias, prepararse la mochila, etc. Estas son las primeras responsabilidades, después con el tiempo aparecen los roles dentro del equipo y deben asumir cada vez más.

Respeto, humildad y empatía

Los jugadores aprenden con el tiempo que para poder trabajar en equipo deben de respetarse los unos a los otros, sino nunca conseguirán tener una relación con confianza suficiente como para ser un equipo cohesionado. No todo el mundo piensa de igual manera, no todos tenemos los mismos principios o valores, la soberbia y el egocentrismo, etc. nos llevan a conflictos. Los conflictos no son malos, pero hay que saber gestionarlos. No es ningún secreto, hay que aplicar la empatía. Ponerse en el lugar de la otra persona es fundamental para entender por qué se comporta de esa manera y cómo se puede lograr el entendimiento.

El respeto al equipo contrario o al árbitro también es fundamental. En el terreno de juego se viven muchos momentos de tensión, pero esto nunca puede ser una excusa para faltar el respeto a nadie. Focalicemos en el respeto en general, pero también en el respeto a la diversidad: la única herramienta para acabar con el racismo en el fútbol. No debemos mezclar las cosas, si somos educados en nuestro día a día debemos de serlo también en el campo de fútbol.

Respetarse a uno mismo es tan importante como respetar a los demás. Uno debe de saber cuáles son sus limitaciones físicas pero también psicológicas. Exigirse demasiado, pensar negativamente todo el tiempo, dañarse, hacer algo que sabe que está mal, etc. es faltarse al respeto a uno mismo. Si uno no consigue estar en paz con sigo mismo, nunca podrá estarlo con los demás.

Competitividad

La competitividad es algo instintivo, a todos los seres humanos les gusta ser mejor en algo: más rápidos, más productivos, más eficientes, etc. Es natural querer ser el mejor en algo y trabajar para conseguirlo. Es importante tener cuidado con eso, hay que tener dos cosas presentes: (1) no siempre es posible ser el mejor en lo que queremos, por lo tanto es recomendable trabajar para superarse a uno mismo y no para superar a otra persona; y (2) querer ser el mejor no puede ser a cualquier precio, pisoteando y boicoteando al resto.

Deportividad y justicia

La deportividad es el valor que nos lleva a respetar a los contrarios, a trabajar por la igualdad. El jugador (o equipo) contrario debe tener las mismas oportunidades que nosotros. Los jugadores deben entender la importancia de cumplir los reglamentos, las normas escritas y las éticas, y las sanciones. La justicia existe para crear igualdad entre los participantes. Nunca podremos ser mejores que el contrario si lo hacemos con trampas. Nos estamos engañando a nosotros mismos por qué esto significa que hacemos trampas por que no podemos ser mejores.

Disciplina y sacrificio

La disciplina permitirá que nuestros jugadores aprendan y perfecciones las técnicas y habilidades del juego. Sin ella, tendrán dificultades para conseguir sus objetivos. El que algo quiere, algo le cuesta. Deberán comprometerse y esforzarse y dedicar el tiempo suficiente a mejorar sus habilidades y, por lo tanto, tendrán que renunciar a aspectos que consideren secundarios. La motivación y la auto-confianza son imprescindibles para el desarrollo psicológico de un futbolista.

Saber ganar

Saber perder es importante, pero saber ganar es mucho más importante. La victoria debe de servir como satisfacción personal y ya está. Los jugadores deben de aprender a celebrar la victoria respetando a los que no ganan, sin recochineo, sin restregárselo a nadie, una victoria elegante. Es difícil controlarse cuando uno está contento, pero ya habrá tiempo para celebrar.

Hay que evitar que la victoria se suba a la cabeza, por lo tanto debemos de volver a la tierra y tocar con los pies en el suelo. Muchas vistorias pueden subir la autoestima , el ego, y crear una falsa sensación de superhéroe que evidentemente no somos. Mientras más alto subas, más dura será la caída. Disfruta de cada momento, pero sin creertelo demasiado.

David Morales Social Manager

Me dedico profesionalmente a la Comunicación y al trabajo social con jóvenes. Mi pasión por la comunicación y mi experiencia en el asociacionismo juvenil me permiten conocer extensamente el "terreno de juego" de los entrenadores de fútbol. Aunque no soy uno de ellos.